el veinte de marzo - San Mateo 19.1-15, Números 9-10 y Eclesiastés 7

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Jesús enseña sobre el divorcio
(Mc 10.1-12; Lc 16.18)

San Mateo 19 1Después de decir estas cosas, Jesús se fue de Galilea y llegó a la región de Judea que está al oriente del Jordán. 2Mucha gente lo siguió, y allí sanó a los enfermos.
3Algunos fariseos se acercaron a Jesús y, para tenderle una trampa, le preguntaron:
--¿Le está permitido a uno divorciarse de su esposa por un motivo cualquiera?
4Jesús les contestó:
--¿No han leído ustedes en la Escritura que el que los creó en el principio, 'hombre y mujer los creó'? 5Y dijo: 'Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos serán como una sola persona.' 6Así que ya no son dos, sino uno solo. De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.
7Ellos le preguntaron:
--¿Por qué, pues, mandó Moisés darle a la esposa un certificado de divorcio, y despedirla así?
8Jesús les dijo:
--Precisamente por lo tercos que son ustedes, Moisés les permitió divorciarse de su esposa; pero al principio no fue de esa manera. 9Yo les digo que el que se divorcia de su esposa, a no ser en el caso de una unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio.
10Le dijeron sus discípulos:
--Si este es el caso del hombre en relación con su esposa, no conviene casarse.
11Jesús les contestó:
--No todos pueden comprender esto, sino únicamente aquellos a quienes Dios les ha dado que lo comprendan. 12Hay diferentes razones que impiden a los hombres casarse: unos ya nacen incapacitados para el matrimonio, a otros los incapacitan los hombres, y otros viven como incapacitados por causa del reino de los cielos. El que pueda entender esto, que lo entienda.

Jesús bendice a los niños
(Mc 10.13-16; Lc 18.15-17)

13Llevaron unos niños a Jesús, para que pusiera sobre ellos las manos y orara por ellos; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. 14Entonces Jesús dijo:
--Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.
15Puso las manos sobre los niños, y se fue de aquel lugar.


Celebración de la Pascua

Números 9 1Un año después de que los israelitas salieron de Egipto, en el primer mes del año, el Señor se dirigió a Moisés en el desierto de Sinaí, y le dijo:
2"Los israelitas deben celebrar la fiesta de la Pascua en la fecha señalada, 3es decir, el día catorce de este mes al atardecer, siguiendo al pie de la letra todas las instrucciones que he dado para su celebración."
4Entonces Moisés ordenó a los israelitas que celebraran la Pascua, 5y ellos lo hicieron así el día catorce de aquel mes, al atardecer, en el desierto de Sinaí, haciendo todo tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés.
6Pero había unos hombres que estaban impuros por haber tocado un cadáver, y por eso no pudieron celebrar la Pascua aquel día. Estos fueron a ver a Moisés y a Aarón en el mismo día, 7y le dijeron a Moisés:
--Nosotros hemos tocado un cadáver, y por lo tanto estamos impuros. ¿Acaso no se nos va a permitir presentar al Señor la ofrenda en la fecha señalada, junto con los demás israelitas?
8Moisés les respondió:
--Esperen a que reciba yo instrucciones del Señor en cuanto a ustedes.
9El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
"Di a los israelitas lo siguiente: 10Todos ustedes y sus descendientes deben celebrar la Pascua en mi honor. Los que estén impuros por haber tocado un cadáver, o los que se encuentren lejos, de viaje, 11la celebrarán el día catorce del mes segundo, al atardecer. Deben comer el cordero con hierbas amargas y pan sin levadura, 12y no dejar nada para el día siguiente ni quebrarle ningún hueso. Celebren la Pascua siguiendo toda las instrucciones que he dado. 13Pero el que deje de celebrar la Pascua a pesar de estar puro y no encontrarse de viaje, deberá ser eliminado de entre su gente. Y puesto que no presentó al Señor la ofrenda en la fecha señalada, recibirá el castigo por su pecado.
14"Los extranjeros que vivan entre ustedes deberán celebrar la Pascua en mi honor conforme a todas las instrucciones que he dado. Las mismas normas valdrán tanto para los extranjeros como para los nacidos en el país."

La nube sobre la tienda de la alianza
(Ex 40.34-38)

15El día en que instalaron el santuario, es decir, la tienda de la alianza, la nube lo cubrió. Y desde el atardecer aparecía sobre el santuario una especie de fuego que duraba hasta el amanecer. 16Así sucedía siempre: de día, la nube cubría la tienda, y de noche se veía una especie de fuego. 17Cuando la nube se levantaba de encima de la tienda, los israelitas se ponían en camino, y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban. 18Cuando el Señor lo ordenaba, los israelitas se ponían en camino o acampaban, y allí se quedaban todo el tiempo que la nube permanecía sobre el santuario. 19Si la nube se quedaba sobre el santuario bastante tiempo, los israelitas detenían su marcha para ocuparse del servicio del Señor. 20Si la nube se quedaba sobre el santuario solo unos cuantos días, a una orden del Señor se ponían en camino, y a otra orden suya se detenían. 21A veces la nube se quedaba solo por la noche, y por la mañana se levantaba; entonces ellos se ponían en camino. Lo mismo de día que de noche, cuando la nube se levantaba, ellos se ponían en camino. 22Y si la nube se detenía sobre el santuario un par de días, un mes o un año, los israelitas acampaban y no seguían adelante. Pero en cuanto la nube se levantaba, ellos seguían su viaje. 23A una orden del Señor acampaban, y a otra orden suya se ponían en camino. Mientras tanto, se ocupaban del servicio del Señor, como él lo había ordenado por medio de Moisés.

Las trompetas de plata

Números 10 1El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
2"Haz dos trompetas de plata labrada a martillo, las cuales te servirán para reunir a la gente y para dar la señal de partida. 3Cuando se toquen las dos trompetas, todo el pueblo deberá reunirse ante ti, a la entrada de la tienda del encuentro con Dios. 4Pero cuando se toque una sola, se reunirán solamente los principales jefes de tribu. 5Cuando el toque de trompetas vaya acompañado de fuertes gritos, se pondrán en camino los que estén acampados en el lado este, 6y al segundo toque se pondrán en camino los que estén acampados en el lado sur. El toque de trompetas acompañado de gritos será la señal de partida. 7El simple toque de trompetas será la señal para que se reúna la gente. 8Los encargados de tocar las trompetas serán los sacerdotes, los descendientes de Aarón. Esta será para ustedes una ley permanente.
9"Cuando un enemigo los ataque en su propio territorio y ustedes tengan que salir a pelear, toquen las trompetas y lancen fuertes gritos. Así yo, el Señor su Dios, me acordaré de ustedes y los salvaré de sus enemigos. 10Toquen también las trompetas en días alegres, como los días de fiesta o de luna nueva, cuando ofrecen holocaustos y sacrificios de reconciliación. Así yo me acordaré de ustedes. Yo soy el Señor su Dios."

Los israelitas parten del Sinaí

11El día veinte del mes segundo del segundo año, se levantó la nube de encima del santuario de la alianza. 12Los israelitas se pusieron en marcha, partiendo del desierto de Sinaí. La nube se detuvo en el desierto de Parán. 13Tal como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés, 14en primer lugar iban los ejércitos que marchaban bajo la bandera de Judá, y que tenían como jefe a Nahasón, hijo de Aminadab. 15Al frente del ejército de la tribu de Isacar estaba Natanael, hijo de Suar. 16Al frente del ejército de la tribu de Zabulón estaba Eliab, hijo de Helón. 17Entonces desarmaron el santuario, y los descendientes de Guersón y de Merarí, que eran los encargados de transportarlo, se pusieron en camino.
18En seguida iban los ejércitos que marchaban bajo la bandera de Rubén, y que tenían como jefe a Elisur, hijo de Sedeúr. 19Al frente del ejército de la tribu de Simeón estaba Selumiel, hijo de Surisadai. 20Al frente del ejército de la tribu de Gad estaba Eliasaf, hijo de Reuel. 21En seguida iban los descendientes de Quehat, que llevaban los utensilios sagrados. Cuando ellos llegaban, ya encontraban el santuario instalado.
22Después seguían los ejércitos que marchaban bajo la bandera de Efraín, y que tenían como jefe a Elisamá, hijo de Amihud. 23Al frente del ejército de la tribu de Manasés estaba Gamaliel, hijo de Pedasur. 24Al frente del ejército de la tribu de Benjamín estaba Abidán, hijo de Guidoní.
25Por último, detrás de los otros ejércitos, seguían los que marchaban bajo la bandera de Dan, y que tenían como jefe a Ahiézer, hijo de Amisadai. 26Al frente del ejército de la tribu de Aser estaba Paguiel, hijo de Ocrán. 27Al frente del ejército de la tribu de Neftalí estaba Ahirá, hijo de Enán.
28Este era el orden que seguían los ejércitos israelitas cuando se ponían en camino.

Moisés invita a su cuñado a acompañarlos

29Un día Moisés le dijo a su cuñado Hobab, hijo de Reuel el madianita:
--Nosotros nos vamos al país que el Señor ha prometido darnos. Ven con nosotros y te trataremos bien, pues el Señor ha prometido tratar con bondad a Israel.
30Pero Hobab le contestó:
--No, yo prefiero volver a mi tierra, donde están mis parientes.
31--No te vayas --insistió Moisés--. Tú conoces bien los lugares donde se puede acampar en el desierto, y puedes servirnos de guía. 32Si vienes con nosotros, compartiremos contigo todo lo bueno que el Señor nos conceda.
33Así pues, se fueron del monte del Señor y caminaron durante tres días. El arca de la alianza del Señor iba delante de ellos, buscándoles un lugar donde descansar. 34Durante el día, apenas se ponían en camino, la nube del Señor iba encima de ellos. 35En cuanto el arca se ponía en marcha, Moisés decía:

"¡Levántate, Señor!
¡Que se dispersen tus enemigos!
¡Que al verte huyan los que te odian!"

36Pero cuando el arca se detenía, decía Moisés:

"¡Vuelve ahora, Señor,
a los incontables ejércitos de Israel!"


Hay que atender a lo más importante

Eclesiastés 7 1Vale más la buena fama
que el buen perfume.

Vale más el día en que se muere
que el día en que se nace.

2Vale más ir a un funeral
que ir a divertirse;
pues la muerte es el fin de todo hombre,
y los que viven debieran recordarlo.

3Vale más llorar que reir,
pues podrá hacerle mal al semblante
pero le hace bien al corazón.

4El sabio piensa en la muerte,
pero el necio, en ir a divertirse.

5Vale más oir reprensiones de sabios
que alabanzas de necios.

6Las risas del necio se parecen
al crujir de las zarzas en el fuego,
y también son vana ilusión.

7La violencia entorpece al sabio,
y el soborno corrompe su carácter.

8Vale más terminar un asunto
que comenzarlo.

Vale más ser paciente
que valiente.

9No te dejes llevar por el enojo, porque el enojo es propio de gente necia.
10Nunca te preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor, pues esa no es una pregunta inteligente.
11Buena y provechosa es la sabiduría para los que viven en este mundo, si además va acompañada de una herencia. 12Porque la sabiduría protege lo mismo que el dinero, pero la sabiduría tiene la ventaja de darle vida al sabio.
13Fíjate bien en lo que Dios ha hecho: ¿quién podrá enderezar lo que él ha torcido? 14Cuando te vaya bien, disfruta ese bienestar; pero cuando te vaya mal, ponte a pensar que lo uno y lo otro son cosa de Dios, y que el hombre nunca sabe lo que ha de traerle el futuro.
15Todo esto he visto durante esta vana ilusión que es mi vida: hombres buenos que mueren a pesar de su bondad, y malvados que a pesar de su maldad viven muchos años.

16No hay que pasarse de bueno,
ni tampoco pasarse de listo.
¿Para qué arruinarse uno mismo?

17No hay que pasarse de malo,
ni tampoco pasarse de tonto.
¿Para qué morir antes de tiempo?

18Lo mejor es agarrar bien esto
sin soltar de la mano aquello.

El que honra a Dios
saldrá bien de todas estas cosas.

19Da más fuerza la sabiduría al sabio,
que diez gobernantes a una ciudad.

20Sin embargo, no hay nadie en la tierra tan perfecto que haga siempre el bien y nunca peque.
21No hagas caso de todo lo que se dice, y así no oirás cuando tu siervo hable mal de ti. 22Aunque también tú, y lo sabes muy bien, muchas veces has hablado mal de otros.

Búsqueda de la sabiduría

23Todo esto lo examiné con sabiduría, pues me había propuesto ser sabio; pero estaba fuera de mi alcance. 24¡Fuera de mi alcance está todo lo que existe! ¡Es demasiado profundo y nadie puede comprenderlo!
25Me dediqué entonces a adquirir conocimientos, y a estudiar y buscar algunas sabias conclusiones. Y pude darme cuenta de que es malo ser necio, y una locura ser estúpido.
26He encontrado algo que es más amargo que la muerte: la mujer que tiende trampas con el corazón y aprisiona con los brazos. El que agrada a Dios escapará de ella, pero el pecador caerá en sus redes.
27En mi intento de encontrar la razón de las cosas, yo, el Predicador, he hallado lo siguiente: 28¡que todavía no he dado con lo que realmente busco! He encontrado un hombre entre mil, pero ni una sola mujer entre todas ellas. 29Solamente he encontrado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al hombre, pero este se ha complicado la vida.

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