el veintitrés de marzo - San Mateo 20.17-34, Números 15-16 y Eclesiastés 9.13-10.20

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Jesús anuncia por tercera vez su muerte
(Mc 10.32-34; Lc 18.31-34)

San Mateo 20 17Jesús, yendo ya de camino a Jerusalén, llamó aparte a sus doce discípulos y les dijo:
18--Como ustedes ven, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte 19y lo entregarán a los extranjeros para que se burlen de él, lo golpeen y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará.

Jesús responde a la madre de Santiago y Juan
(Mc 10.35-45)

20La madre de los hijos de Zebedeo, junto con sus hijos, se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él para pedirle un favor. 21Jesús le preguntó:
--¿Qué quieres?
Ella le dijo:
--Manda que en tu reino uno de mis hijos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.
22Jesús contestó:
--Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber el trago amargo que voy a beber yo?
Ellos dijeron:
--Podemos.
23Jesús les respondió:
--Ustedes beberán este trago amargo, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que se les dará a aquellos para quienes mi Padre lo ha preparado.
24Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con los dos hermanos. 25Pero Jesús los llamó, y les dijo:
--Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. 26Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; 27y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. 28Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por una multitud.

Jesús sana a dos ciegos
(Mc 10.46-52; Lc 18.35-43)

29Al salir ellos de Jericó, mucha gente siguió a Jesús. 30Dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oir que Jesús pasaba, gritaron:
--¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
31La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más todavía:
--¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
32Entonces Jesús se detuvo, llamó a los ciegos y les preguntó:
--¿Qué quieren que haga por ustedes?
33Ellos le contestaron:
--Señor, que recobremos la vista.
34Jesús tuvo compasión de ellos, y les tocó los ojos. En el mismo momento los ciegos recobraron la vista, y siguieron a Jesús.


Leyes sobre los sacrificios

Números 15 1El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
2"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando entren ustedes en el país que yo voy a darles para que vivan en él, 3y me ofrezcan un toro o una oveja para quemarlo en mi honor como sacrificio u holocausto de olor agradable, ya sea en cumplimiento de alguna promesa o como ofrenda voluntaria, o en ocasión de alguna fiesta, 4el que presente la ofrenda deberá añadir dos kilos de harina fina amasada con un litro de aceite. 5Además, a los sacrificios indicados se deberá añadir una ofrenda de un litro de vino por cada cordero. 6Si se trata del sacrificio de un carnero, se añadirán cuatro kilos de harina amasada con poco más de un litro de aceite 7y algo más de un litro de vino, como ofrenda de olor agradable para mí. 8Si se trata del sacrificio de un becerro, para ofrecerlo como holocausto o como sacrificio de reconciliación, o en cumplimiento de una promesa, 9se añadirán seis kilos de harina amasada con dos litros de aceite, 10más dos litros de vino, como ofrenda quemada de olor agradable para mí. 11Esto es lo que deberá hacerse por cada toro, cada carnero, cada cordero o cada cabrito que se ofrezca. 12Por cada animal que se ofrezca se hará su ofrenda correspondiente, según el número de animales. 13Todo israelita deberá cumplir estas normas cuando me haga una ofrenda quemada de olor agradable.
14"Si un extranjero, ya sea que se encuentre de paso o que viva permanentemente entre ustedes, quiere presentarme una ofrenda quemada de olor agradable, deberá cumplir las mismas normas que todos ustedes. 15La misma norma vale para ustedes y para los extranjeros; será una ley permanente, que pasará de padres a hijos. 16Una misma ley y una misma norma habrá para ustedes y para los extranjeros."
17El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
18"Di a los israelitas lo siguiente: Cuando hayan entrado en el país adonde los voy a llevar, 19y empiecen a disfrutar del trigo que se produce en él, deberán separar una parte para ofrecérmela. 20Y así como me ofrecen la primera porción del trigo trillado, así también con la primera masa que preparen me harán una ofrenda de pan. 21Esta ofrenda deberán hacerla siempre.
22"Cuando involuntariamente dejen ustedes de hacer cualquiera de las cosas que le he ordenado a Moisés 23desde el primer día en adelante, para que ustedes y sus descendientes las cumplan, deberán hacer lo siguiente:
24"Si la falta ha sido involuntaria y de todo el pueblo, todo el pueblo me ofrecerá un becerro como holocausto de olor agradable, con su correspondiente ofrenda de cereales y de vino, como Dios lo ha ordenado; además, me ofrecerán un chivo como sacrificio por el pecado. 25Luego el sacerdote celebrará el rito para obtener el perdón a favor de todo el pueblo de Israel, y yo los perdonaré, pues se trata de una falta involuntaria y ellos me presentaron su ofrenda y su sacrificio por el pecado. 26Yo perdonaré a todo el pueblo de Israel y a los extranjeros que vivan entre ustedes, si la falta del pueblo ha sido involuntaria.
27"Si la falta involuntaria la comete una persona en particular, esa persona ofrecerá como sacrificio por el pecado una cabrita de un año. 28El sacerdote celebrará ante mí el rito para obtener el perdón por el pecado involuntario de esa persona, y yo la perdonaré. 29La misma norma vale para los israelitas y para los extranjeros que vivan entre ustedes, si la falta cometida ha sido involuntaria.
30"Pero si una persona peca voluntariamente, ya sea israelita o extranjera, me ofende a mí. Por lo tanto, esa persona será eliminada de entre su gente, 31pues despreció mi palabra y no cumplió mis órdenes; será eliminada del todo y cargará con su maldad."

Castigo por la violación del sábado

32Cuando los israelitas estaban en el desierto, encontraron a un hombre recogiendo leña en sábado. 33Los que lo encontraron lo llevaron ante Moisés y Aarón, y ante todo el pueblo, 34y ellos lo tuvieron bajo vigilancia, pues aún no se había decidido lo que se debía hacer con él. 35Entonces dijo el Señor a Moisés: "Ese hombre debe ser condenado a muerte. Que todos los israelitas lo apedreen fuera del campamento." 36Entonces los israelitas lo sacaron del campamento y lo apedrearon hasta que murió, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés.

Borlas con flecos en el borde de la ropa

37El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
38"Di a los israelitas lo siguiente: Ustedes y sus descendientes deberán llevar borlas con flecos en el borde de su ropa. Las borlas deben ser de hilo morado. 39Así, cuando ustedes vean las borlas, se acordarán de todos los mandamientos que yo les he dado y los cumplirán, y no se dejarán llevar por sus propios pensamientos y deseos, por los cuales ustedes han dejado de serme fieles. 40Así se acordarán de todos mis mandamientos y los cumplirán, y estarán consagrados a mí, que soy su Dios. 41Yo soy el Señor, el Dios de ustedes, que los saqué de Egipto para ser su Dios. Yo soy el Señor su Dios."

La rebelión de Coré y su castigo

Números 16 1Un levita descendiente de Quehat, llamado Coré, hijo de Ishar, y tres hombres más de la tribu de Rubén, llamados Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pélet, 2se rebelaron contra Moisés. A ellos se les unieron otros doscientos cincuenta israelitas, hombres de autoridad en el pueblo, que pertenecían al grupo de consejeros y tenían buena fama. 3Todos ellos se reunieron, se enfrentaron con Moisés y Aarón, y les dijeron:
--¡Basta ya de privilegios! Todo el pueblo ha sido consagrado por Dios, y el Señor está con todos nosotros. ¿Por qué se levantan ustedes como autoridad suprema sobre el pueblo del Señor?
4Al oir esto, Moisés se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, 5y dijo a Coré y a los que lo seguían:
--Mañana por la mañana el Señor hará saber quién le pertenece y quién le está consagrado y puede presentarle las ofrendas. Solo podrá presentarle ofrendas aquel a quien él escoja. 6Hagan lo siguiente: traigan los incensarios de Coré y sus compañeros, 7pónganles brasas, échenles incienso y colóquenlos mañana delante del Señor. El hombre a quien el Señor escoja, es el que le está consagrado. ¡Y basta ya, levitas!
8Luego dijo Moisés a Coré:
--Óiganme, levitas: 9¿Les parece poco que el Dios de Israel los haya escogido a ustedes de entre el pueblo de Israel, y que estén cerca de él y se ocupen de los oficios del santuario del Señor y presten este servicio al pueblo? 10El Señor ha querido que tú y los demás miembros de tu tribu, los levitas, estén cerca de él, ¿y ahora ambicionan también el sacerdocio? 11Realmente Aarón no es nadie para que hablen mal de él; es contra el Señor contra quien tú y tus compañeros se han rebelado.
12Luego Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab, pero ellos respondieron:
--No queremos ir. 13¿Te parece poco habernos sacado de un país donde la leche y la miel corren como el agua, para hacernos morir en el desierto, que además quieres ser nuestro jefe supremo? 14Tú no nos has llevado a ningún país donde la leche y la miel corran como el agua, ni nos has dado campos ni viñedos. ¿Quieres que todos se dejen llevar como si fueran ciegos? No, no iremos a verte.
15Entonces Moisés se enojó mucho, y dijo al Señor:
--¡No aceptes sus ofrendas! Yo no les he quitado a ellos ni siquiera un asno, y tampoco le he hecho mal a ninguno de ellos.
16Después Moisés dijo a Coré:
--Preséntense mañana tú y tus compañeros, delante del Señor. Aarón también estará allí. 17Que cada uno lleve su incensario y le ponga incienso. Tú y Aarón llevarán también su incensario y lo pondrán, junto con los otros doscientos cincuenta, delante del Señor.
18Entonces cada uno tomó su incensario, le puso brasas e incienso y se colocó, junto con Moisés y Aarón, delante de la tienda del encuentro. 19Coré ya había reunido contra ellos a todo el pueblo frente a la tienda del encuentro. La gloria del Señor se apareció entonces ante todo el pueblo, 20y el Señor les dijo a Moisés y Aarón:
21--¡Apártense de ese pueblo, que voy a destruirlo en un momento!
22Pero ellos, inclinándose hasta tocar el suelo con la frente, dijeron:
--Oh Dios, tú que das la vida a todos los hombres, ¿vas a enojarte con todo el pueblo por el pecado de un solo hombre?
23Y el Señor respondió a Moisés:
24--Diles a todos los israelitas que se aparten de la tienda donde están Coré, Datán y Abiram.
25Moisés se levantó, seguido por los ancianos de Israel, y fue a donde estaban Datán y Abiram. 26Entonces le dijo al pueblo:
--Apártense de las tiendas de esos hombres perversos, y no toquen nada de lo que les pertenece, no vaya a ser que también ustedes mueran por el pecado de ellos.
27El pueblo se apartó de donde estaban Coré, Datán y Abiram. Datán y Abiram estaban a la entrada de su tienda, con sus mujeres y sus hijos. 28Y Moisés continuó:
--Con esto les voy a probar que es el Señor quien me ha enviado a hacer todas estas cosas, y que no las hago por mi propia voluntad. 29Si estos hombres mueren de muerte natural, como los demás hombres, es que el Señor no me ha enviado; 30pero si el Señor hace algo extraordinario, y la tierra se abre y se los traga a ellos con todo lo que tienen, y caen vivos al fondo de la tierra, entonces sabrán ustedes que son estos hombres los que han menospreciado al Señor.
31En cuanto Moisés terminó de hablar, la tierra se abrió debajo de ellos 32y se tragó a todos los hombres que se habían unido a Coré, junto con sus familias y todo lo que tenían. 33Cayeron vivos al fondo de la tierra, con todas sus cosas, y luego la tierra volvió a cerrarse. Así fueron eliminados de entre los israelitas. 34Al oírlos gritar, todos los israelitas que se encontraban alrededor salieron corriendo y diciendo: "¡No nos vaya a tragar la tierra a nosotros también!" 35Además, el Señor envió un fuego que mató a los doscientos cincuenta hombres que habían ofrecido incienso.
36Y el Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
37"Ordena a Eleazar, hijo de Aarón, que saque los incensarios de entre los restos del incendio, y que arroje lejos las brasas que aún haya en ellos. 38Los incensarios de estos hombres, que han muerto por haber pecado, han quedado consagrados porque fueron usados para presentar incienso delante de mí. Conviertan, pues, ese metal en láminas para recubrir el altar, y para que sirva de advertencia a los israelitas."
39El sacerdote Eleazar recogió los incensarios de bronce que habían presentado los hombres que murieron en el incendio, y ordenó que los convirtieran en láminas para recubrir el altar. 40Esta fue una advertencia a los israelitas de que nadie, aparte de los descendientes de Aarón, podía acercarse al altar para ofrecer incienso al Señor; de lo contrario, le pasaría lo que a Coré y a sus compañeros. Y todo se hizo tal como el Señor se lo había ordenado a Eleazar por medio de Moisés.
41Al día siguiente, todo el pueblo de Israel empezó a hablar contra Moisés y Aarón. Decían:
--¡Ustedes están matando al pueblo del Señor!
42Y todos se arremolinaban alrededor de Moisés y Aarón; pero ellos se dirigieron a la tienda del encuentro. En ese momento la nube la cubrió y se apareció la gloria del Señor. 43Entonces Moisés y Aarón fueron al frente de la tienda del encuentro, 44y el Señor le dijo a Moisés:
45--¡Apártense de toda esa gente, que los voy a destruir en un momento!
Moisés y Aarón se inclinaron hasta tocar el suelo con la frente, 46y Moisés le dijo a Aarón:
--Trae tu incensario, ponle brasas del altar y échale incienso; vete en seguida a donde está el pueblo y pide a Dios perdón por ellos, porque la ira del Señor se ha encendido y la plaga ya comenzó.
47Aarón hizo lo que le dijo Moisés, y se fue corriendo a donde estaba el pueblo reunido. La plaga enviada por Dios ya estaba haciendo estragos entre el pueblo. Entonces Aarón puso incienso y pidió a Dios perdón por el pueblo. 48Luego se colocó entre los que ya habían muerto y los que todavía estaban con vida, y la plaga se detuvo, 49aunque ya para entonces habían muerto catorce mil setecientas personas, sin contar los que habían muerto antes, durante la rebelión de Coré. 50Cuando la plaga terminó, Aarón volvió a la entrada de la tienda del encuentro para reunirse con Moisés.


Eclesiastés 9 13También he visto en este mundo algo que me parece encerrar una gran enseñanza: 14una ciudad pequeña, con pocos habitantes, es atacada por un rey poderoso que levanta alrededor de ella una gran maquinaria de ataque. 15Y en la ciudad vive un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría podría salvar a la ciudad, ¡y nadie se acuerda de él!

Por sobre todas las cosas, sabiduría

16Sin embargo, yo afirmo que vale más ser sabio que valiente, aun cuando la sabiduría del hombre pobre no sea tomada en cuenta ni se preste atención a lo que dice.

17Más se oyen las palabras tranquilas de los sabios
que el griterío del rey de los necios.
18Vale más la sabiduría
que las armas de guerra.

Un solo error
causa grandes destrozos.

Eclesiastés 10 1Una mosca muerta apesta
y echa a perder el buen perfume.

Cuenta más la tontería más ligera
que la sabiduría más respetable.

2La mente del sabio se inclina al bien,
pero la del necio se inclina al mal.

3El necio, en todo lo que hace,
muestra la pobreza de sus ideas,
aun cuando vaya diciendo
que los necios son los demás.

4Si el que gobierna se enoja contigo,
no pierdas la cabeza;
el remedio para los grandes errores
es tomar las cosas con calma.

5Me he dado cuenta de un error que se comete en este mundo, y que tiene su origen en los propios gobernantes: 6que al necio se le da un alto cargo, mientras que la gente que vale ocupa puestos humildes. 7He visto esclavos andar a caballo, y príncipes andar a pie como si fueran esclavos.

8El que hace el hoyo,
en él se cae.

Al que rompe el muro,
la serpiente lo muerde.

9El que labra piedras,
se lastima con ellas.

El que parte leña,
corre el riesgo de cortarse.

10Si el hacha se desafila
y no se la vuelve a afilar,
habrá que golpear con más fuerza.

Vale más hacer las cosas bien y con sabiduría.

11¿De qué sirve un encantador,
si la serpiente muerde antes de ser encantada?

12Las palabras del sabio le atraen simpatías,
pero las del necio son su propia ruina:
13comienza diciendo puras tonterías,
y acaba diciendo las peores estupideces.
14¡Al necio no le faltan las palabras!

¿Quién puede decir lo que ha de suceder,
si nadie sabe nada del futuro?

15Tanto se mata el necio trabajando,
que no sabe ni el camino a la ciudad.

16¡Ay del país que tiene por rey a un chiquillo,
y en el que sus príncipes
amanecen en banquetes!

17¡Dichoso el país que tiene un rey honorable,
y en el que los gobernantes
comen a la hora debida,
para reponer sus fuerzas
y no para emborracharse!

18Al holgazán se le cae el techo;
al que no hace nada, toda la casa.

19El pan es para disfrutarlo,
y el vino para gozar de la vida;
mas para eso hace falta dinero.

20No critiques al rey
ni siquiera con el pensamiento.

No hables mal del rico, aunque estés a solas,
porque las aves vuelan y pueden ir a contárselo.

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