el treinta de marzo - San Mateo 24.1-31, Números 25-27 y Cantares 6.4-8.4

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Jesús anuncia que el templo será destruido
(Mc 13.1-2; Lc 21.5-6)

San Mateo 24 1Jesús salió del templo, y ya se iba, cuando sus discípulos se acercaron y comenzaron a atraer su atención a los edificios del templo. 2Jesús les dijo:
--¿Ven ustedes todo esto? Pues les aseguro que aquí no va a quedar ni una piedra sobre otra. Todo será destruido.

Señales antes del fin
(Mc 13.3-23; Lc 21.7-24; 17.22-24)

3Luego se fueron al Monte de los Olivos. Jesús se sentó, y los discípulos se le acercaron para preguntarle aparte:
--Queremos que nos digas cuándo va a ocurrir esto. ¿Cuál será la señal de tu regreso y del fin del mundo?
4Jesús les contestó:
--Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí. Dirán: 'Yo soy el Mesías', y engañarán a mucha gente. 6Ustedes tendrán noticias de que hay guerras aquí y allá; pero no se asusten, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún no será el fin. 7Porque una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; y habrá hambres y terremotos en muchos lugares. 8Pero todo eso apenas será el comienzo de los dolores.
9"Entonces los entregarán a ustedes para que los maltraten; y los matarán, y todo el mundo los odiará por causa mía. 10En aquel tiempo muchos renegarán de su fe, y se odiarán y se traicionarán unos a otros. 11Aparecerán muchos falsos profetas, y engañarán a mucha gente. 12Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás. 13Pero el que siga firme hasta el fin, se salvará. 14Y esta buena noticia del reino será anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces vendrá el fin.
15"El profeta Daniel escribió acerca del horrible sacrilegio. Cuando ustedes lo vean en el Lugar Santo --el que lee, entienda,-- 16entonces los que estén en Judea, que huyan a las montañas; 17y el que esté en la azotea de su casa, que no baje a sacar nada; 18y el que esté en el campo, que no regrese ni aun a recoger su ropa. 19¡Pobres mujeres aquellas que en tales días estén embarazadas o tengan niños de pecho! 20Pidan ustedes a Dios que no hayan de huir en el invierno ni en sábado; 21porque habrá entonces un sufrimiento tan grande como nunca lo ha habido desde el comienzo del mundo ni lo habrá después. 22Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido.
23"Si entonces alguien les dice a ustedes: 'Miren, aquí está el Mesías', o 'Miren, allí está', no lo crean. 24Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán grandes señales y milagros, para engañar, a ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido. 25Ya se lo he advertido a ustedes de antemano. 26Por eso, si les dicen: 'Miren, allí está, en el desierto', no vayan; o si les dicen: 'Miren, aquí está escondido', no lo crean. 27Porque como un relámpago que se ve brillar de oriente a occidente, así será cuando regrese el Hijo del hombre. 28Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.

El regreso del Hijo del hombre
(Mc 13.24-37; Lc 17.26-30,34-36; 21.25-33)

29"Tan pronto como pasen aquellos días de sufrimiento, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán. 30Entonces se verá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y llenos de terror todos los pueblos del mundo llorarán, y verán al Hijo del hombre que viene en las nubes del cielo con gran poder y gloria. 31Y él mandará a sus ángeles con una gran trompeta, para que reúnan a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde un extremo del cielo hasta el otro.


Los israelitas dan culto a Baal-peor

Números 25 1Cuando los israelitas se establecieron en Sitim, sus hombres empezaron a corromperse con las mujeres moabitas, 2las cuales los invitaban a los sacrificios que ofrecían a sus dioses. Los israelitas tomaban parte en esas comidas y adoraban a los dioses de las moabitas, 3y así se dejaron arrastrar al culto de Baal-peor. Entonces el Señor se enfureció contra Israel, 4y le dijo a Moisés:
--Reúne a todos los jefes del pueblo, y ejecútalos delante de mí a plena luz del día. Así se calmará mi ira contra Israel.
5Moisés ordenó entonces a los jueces israelitas:
--Cada uno de ustedes deberá matar a los hombres de su tribu que se dejaron arrastrar al culto de Baal-peor.
6Pero un israelita llevó consigo a una mujer madianita, a la vista de Moisés y de todos los israelitas reunidos, mientras ellos se encontraban llorando a la entrada de la tienda del encuentro. 7Al ver esto, Finees, hijo de Eleazar y nieto del sacerdote Aarón, se apartó de los israelitas reunidos, empuñó una lanza 8y se fue tras aquel israelita hasta la alcoba, y allí atravesó por el estómago al israelita y a la mujer. Así se terminó la plaga que estaba haciendo morir a los israelitas, 9aunque ya habían muerto veinticuatro mil de ellos.
10Entonces el Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
11--Finees ha hecho que se calme mi ira contra los israelitas, porque él ha tenido el mismo celo que yo tengo por ellos. Por eso no me he dejado llevar del celo y no terminé con ellos. 12Dile, pues, que yo hago con él una alianza de paz, 13por la cual le entrego, a él y a sus descendientes, el sacerdocio para siempre, porque tuvo celo por mí y obtuvo así el perdón para los israelitas.
14El israelita que fue atravesado junto con la madianita se llamaba Zimrí, y era hijo de Salú y jefe de una familia de la tribu de Simeón. 15La mujer madianita se llamaba Cozbí, y era hija de Sur, jefe de un grupo de familias de Madián.
16El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
17--Ataquen a los madianitas y derrótenlos, 18así como ellos los atacaron a ustedes con sus malas mañas y haciéndolos adorar a Baal-peor, y en el caso de Cozbí, la hija del jefe madianita, que fue muerta con una lanza cuando yo les envié una plaga por haber adorado a Baal-peor.

Nuevo censo de Israel

Números 26 1Después de aquella plaga mortal, 1bel Señor dijo a Moisés y a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón:
2"Hagan un censo, por familias, de todos los israelitas de veinte años para arriba, aptos para la guerra."
3Moisés y Eleazar ordenaron entonces a los israelitas en las llanuras de Moab, junto al río Jordán, frente a Jericó, 4que se registraran todos los que tuvieran de veinte años para arriba, tal como el Señor se lo había ordenado a Moisés.
Estos eran los israelitas que habían salido de Egipto:
5Los clanes descendientes de Rubén, el hijo mayor de Israel, fueron los de Henoc, Falú, 6Hesrón y Carmí; 7según el censo, los descendientes de Rubén sumaban cuarenta y tres mil setecientos treinta hombres. 8De Falú nació Eliab, 9y de Eliab nacieron Nemuel, Datán y Abiram. Datán y Abiram fueron aquellos del grupo de consejeros que, junto con Coré, se rebelaron contra el Señor y al mismo tiempo contra Moisés y Aarón, 10pero se abrió la tierra y se los tragó a ellos dos y a Coré, y todo el grupo murió, pues doscientos cincuenta hombres murieron en el fuego. Esto sirvió de advertencia para los demás. 11Sin embargo, los hijos de Coré no murieron.
12Los clanes descendientes de Simeón fueron los de Nemuel, Jamín, Jaquín, 13Zérah y Saúl; 14según el censo, los descendientes de Simeón sumaban veintidós mil doscientos hombres.
15Los clanes descendientes de Gad fueron los de Sefón, Haguí, Suní, 16Ozní, Erí, 17Arod y Arelí; 18según el censo, los descendientes de Gad sumaban cuarenta mil quinientos hombres.
19De los hijos de Judá, murieron Er y Onán en el país de Canaán, 20así que los clanes descendientes de Judá fueron los de Selá, Fares y Zérah. 21Los clanes descendientes de Fares fueron los de Hesrón y Hamul; 22según el censo, los descendientes de Judá sumaban setenta y seis mil quinientos hombres.
23Los clanes descendientes de Isacar fueron los de Tolá, Puvá, 24Jasub y Simrón; 25según el censo, los descendientes de Isacar sumaban sesenta y cuatro mil trescientos hombres.
26Los clanes descendientes de Zabulón fueron los de Séred, Elón y Jahleel; 27según el censo, los descendientes de Zabulón sumaban sesenta mil quinientos hombres.
28Los clanes descendientes de José fueron los de las tribus de Manasés y Efraín. 29De Manasés, el clan de Maquir; de Maquir, el clan de Galaad; 30de Galaad, los clanes de Iézer, de Hélec, 31de Asriel, de Siquem, 32de Semidá y de Héfer. 33Selofhad, que era hijo de Héfer, no tuvo hijos sino hijas, las cuales se llamaban Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsá. 34Según el censo, los descendientes de Manasés sumaban cincuenta y dos mil setecientos hombres. 35Los clanes descendientes de Efraín fueron los de Sutélah, Béquer y Tahán. 36Los descendientes de Sutélah eran los del clan de Erán. 37Según el censo, los descendientes de Efraín sumaban treinta y dos mil quinientos hombres. Estos son los descendientes de José, por orden de clanes.
38Los clanes descendientes de Benjamín fueron los de Bela, Asbel, Ahiram, 39Sufam y Hufam. 40Los clanes descendientes de Bela fueron los de Ard y Naamán, hijos de Bela. 41Según el censo, los descendientes de Benjamín sumaban cuarenta y cinco mil seiscientos hombres.
42Los descendientes de Dan fueron los del clan de Suham. 43Según el censo, los descendientes de Suham sumaban sesenta y cuatro mil cuatrocientos hombres.
44Los clanes descendientes de Aser fueron los de Imná, Isví y Beriá. 45Los clanes descendientes de Beriá fueron los de Héber y Malquiel. 46Aser tuvo una hija, que se llamó Sérah. 47Según el censo, los descendientes de Aser sumaban cincuenta y tres mil cuatrocientos hombres.
48Los clanes descendientes de Neftalí fueron los de Jahseel, Guní, 49Jezer y Silem. 50Según el censo, los descendientes de Neftalí sumaban cuarenta y cinco mil cuatrocientos hombres.
51Los israelitas contados en el censo sumaban seiscientos un mil setecientos treinta hombres en total.

Normas para la repartición de la tierra

52El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
53"Entre estas personas será repartida la tierra, según el número que haya sido registrado. 54A los grupos más numerosos les darás una porción mayor, y a los grupos menos numerosos una porción menor. A cada grupo se le dará una porción de tierra de acuerdo con el censo. 55La repartición de la tierra se hará por suertes. Cada uno recibirá su parte según la tribu a la que pertenezca por parte de padre. 56La distribución se hará por suertes, tanto entre los grupos numerosos como entre los pequeños."

Censo de los levitas

57Los clanes de la tribu de Leví contados en el censo fueron los de Guersón, Quehat y Merarí. 58Los clanes de los libnitas, hebronitas, mahlitas, musitas y coreítas, eran clanes levitas.
Quehat fue padre de Amram. 59Amram se casó con una hija de Leví que se llamaba Jocabed, y que nació cuando Leví aún estaba en Egipto. Amram y Jocabed fueron los padres de Aarón, Moisés y María. 60Los hijos de Aarón fueron Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar. 61Nadab y Abihú murieron cuando ofrecieron ante el Señor un fuego extraño.
62El total de varones descendientes de Leví, de un mes de edad para arriba, fue de veintitrés mil. Ellos no habían sido registrados con los demás israelitas, porque a ellos no se les había dado ninguna propiedad.
63Este fue el resultado del censo de los israelitas hecho por Moisés y el sacerdote Eleazar en las llanuras de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 64Entre todos ellos no había uno solo de los que estuvieron cuando Moisés y Aarón hicieron el censo en el desierto de Sinaí, 65pues el Señor les había anunciado que morirían en el desierto. Con excepción de Caleb, hijo de Jefuné, y de Josué, hijo de Nun, no quedó uno solo de ellos.

La herencia de las hijas

Números 27 1En la tribu de Manasés había cinco hermanas, que se llamaban Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsá. Eran hijas de Selofhad, descendientes directas de Héfer, Galaad, Maquir, Manasés y José. 2Estas cinco hermanas fueron a la entrada de la tienda del encuentro para hablar con Moisés y el sacerdote Eleazar, y con los jefes de la comunidad, y les dijeron: 3"Nuestro padre murió en el desierto, pero él no pertenecía al grupo de Coré que se rebeló contra el Señor. Murió a causa de su propio pecado y sin dejar hijos varones. 4Pero no es justo que el nombre de nuestro padre desaparezca de su clan simplemente porque no tuvo un hijo varón. Danos una porción de tierra a nosotras entre los hermanos de nuestro padre."
5Moisés presentó al Señor el caso de estas mujeres, 6y el Señor le respondió: 7"Las hijas de Selofhad tienen razón. Asígnales una porción de tierra entre los hermanos de su padre, y que la herencia de su padre pase a ellas. 8Di además a los israelitas que si alguien muere sin dejar hijo varón, su herencia pasará a manos de su hija; 9pero si no tiene ninguna hija, dejará su herencia a sus hermanos; 10y si no tiene hermanos, dejará su herencia a los hermanos de su padre. 11En caso de que su padre no haya tenido hermanos, dejará su herencia a su pariente más cercano. Esta será una ley para los israelitas, tal como yo te lo he ordenado a ti."

Josué es designado sucesor de Moisés
(Dt 31.1-8)

12El Señor le dijo a Moisés:
--Sube a este monte de Abarim, y mira la tierra que les he dado a los israelitas. 13Después que la hayas visto, morirás y te reunirás con tus antepasados, como tu hermano Aarón, 14ya que ustedes dos desobedecieron mis órdenes en el desierto de Sin cuando el pueblo me hizo reclamaciones, y no me honraron delante de ellos cuando pidieron agua. (Esto se refiere al manantial de Meribá, en Cadés, en el desierto de Sin.)
15Y Moisés dijo al Señor:
16-17--Dios y Señor, tú que das la vida a todos los hombres, nombra un jefe que se ponga al frente de tu pueblo y lo guíe por todas partes, para que no ande como rebaño sin pastor.
18El Señor respondió a Moisés:
--Josué, hijo de Nun, es un hombre de espíritu. Tómalo y pon tus manos sobre su cabeza. 19Luego preséntalo ante el sacerdote Eleazar y ante todo el pueblo, y dale el cargo delante de todos ellos; 20pon sobre él parte de tu autoridad, para que todo el pueblo de Israel le obedezca. 21Pero Josué deberá presentarse ante el sacerdote Eleazar, y Eleazar me consultará en su nombre por medio del Urim. Josué será el que dé las órdenes a los israelitas, para todo lo que hagan.
22Moisés hizo tal como el Señor se lo había ordenado. Tomó a Josué y lo presentó ante el sacerdote Eleazar y ante todo el pueblo. 23Le puso las manos sobre la cabeza y le dio el cargo, tal como el Señor lo había ordenado por medio de Moisés.


Quinto canto

Él Cantares 6 4Tú, amor mío,
eres hermosa y encantadora
como las ciudades de Tirsá y Jerusalén;
irresistible como un ejército en marcha.
5¡Deja ya de mirarme,
pues tus ojos me han vencido!

Tus cabellos son como cabritos
que retozan por los montes de Galaad.
6Tus dientes, todos perfectos,
son cual rebaño de ovejas
recién salidas del baño
y listas para la trasquila.
7Tus mejillas son dos gajos de granada
escondidos tras tu velo.

8Sesenta son las reinas,
ochenta las concubinas
y muchísimas las doncellas,
9pero mi palomita virginal es una sola;
una sola es la hija preferida
de la mujer que la dio a luz.
Al verla, las jóvenes la felicitan;
reinas y concubinas la alaban.

Coro
10¿Quién es esta que se asoma
como el sol en la mañana?
Es hermosa como la luna,
radiante como el sol,
¡irresistible como un ejército en marcha!

Ella
11Fui al bosque de los nogales
a admirar el verdor en el arroyo;
quería ver los brotes de los viñedos
y las flores de los granados.
12Después ya no supe qué pasó
hasta que me vi en un carro junto a mi príncipe.

Coro
13¡Regresa, Sulamita, regresa!
¡Regresa, queremos verte!

Ella
¿Y qué quieren ver de la Sulamita?

Coro
¡Una danza, como en los campamentos!

Él
Cantares 7 1¡Qué hermosos son tus pies
en las sandalias, princesa!
Las curvas de tus caderas
son como adornos de oro fino
hechos por manos expertas.
2Tu ombligo es una copa redonda
donde no falta el buen vino;
tu vientre es una pila de trigo
rodeada de rosas.
3Tus pechos son dos gacelas,
dos gacelas mellizas.
4Tu cuello es una torre de marfil;
tus ojos son dos estanques
de la ciudad de Hesbón,
junto a la puerta de Bat-rabim;
tu nariz es como la torre del Líbano
que mira hacia la ciudad de Damasco.
5Tu cabeza, sobre tu cuerpo,
es como el monte Carmelo;
hilos de púrpura son tus cabellos:
¡un rey está preso entre sus rizos!

6Amor mío, mujer encantadora,
¡qué bella, qué hermosa eres!
7Tu porte es como el porte de una palmera;
tus pechos son como racimos.
8Yo pienso subir a la palmera
y adueñarme de sus racimos.
Tus pechos serán entonces
como racimos de uvas;
tu aliento, perfume de manzanas;
9tu paladar, como el buen vino
que resbala suavemente
por los labios y los dientes.

Ella
10Yo soy de mi amado:
los impulsos de su amor lo atraen a mí.

11¡Anda, amado mío, vayamos al campo!
Pasaremos la noche entre flores de alheña.
12Por la mañana iremos a los viñedos,
a ver si ya tienen brotes,
si se abren ya sus botones,
si ya han florecido los granados.
¡Allí te daré mi amor!

13Las mandrágoras esparcen su aroma.
A nuestra puerta hay fruta de todas clases:
fruta seca y fruta recién cortada,
que para ti, amado mío, aparté.

Cantares 8 1¡Ojalá fueras tú un hermano mío,
criado a los pechos de mi madre!
Así, al encontrarte en la calle,
podría besarte y nadie se burlaría de mí;
2podría llevarte a la casa de mi madre,
te haría entrar en ella,
y tú serías mi maestro.
Yo te daría a beber del mejor vino
y del jugo de mis granadas.

3¡Que ponga él su izquierda bajo mi cabeza,
y que con su derecha me abrace!

Él
4Prométanme, mujeres de Jerusalén,
no interrumpir el sueño de mi amor.
¡Déjenla dormir hasta que quiera despertar!

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